Los problemas del Caballero de Meré
Tomado
con moderación, el juego por dinero tiene virtudes innegables. Mientras que la
indulgencia a sus placeres ha estado siempre más allá de la valla del temor a
los fuegos del infierno, los grandes casinos y las respetables compañías de
seguros se levantan como monumentos a una ciencia que tuvo sus orígenes en el
cubilete de dados.
Cierto
día del año 1654, Blaise Pascal (1623-1662) hacía un viaje en compañía de un escritor
francés llamado Antonie Gombaud (1607-1684), quien a pesar de no pertenecer a
la nobleza adoptó el titulo de Chevallier (Caballero) y como había estudiado en
Meré, era conocido como el Caballero de Meré. Este Caballero era una persona
apasionada por todo lo relacionado con el juego de los dados y las cartas,
siendo además un hombre noble e ilustrado. Él creyó haber encontrado una
falsedad en los números al analizar el juego de los dados, observando que el
comportamiento de los dados era diferente cuando se utilizaba un dado que
cuando se empleaban dos dados. La “falsedad” partía simplemente de una
comparación errónea entre las probabilidades de sacar un seis con un sólo dado
o de sacar un seis con dos dados. Para el Caballero debía existir una relación
proporcional entre el número de jugadas necesarias para conseguir el efecto
deseado en uno y otro caso. El problema estaba en que el citado caballero no
tuvo en cuenta que en el segundo caso estaba analizando una probabilidad
compuesta en donde las distintas probabilidades se deben calcular
multiplicativamente.
Éste
y otros problemas planteados por el caballero a Pascal sobre cuestiones
relacionadas con diferentes juegos de azar dieron origen a una correspondencia
entre el propio Pascal y algunos de sus amigos matemáticos, sobre todo con Pierre de Fermat (1601-1665)
de Toulouse, abogado de profesión pero gran amante de la matemática.
Esta
correspondencia constituye el origen de la teoría moderna de la probabilidad.
En una
carta de Pascal a Fermat, en la que narraba la anécdota anteriormente
mencionada, concluía que "el Caballero de Meré tiene mucho talento, pero no es geómetra; esto es, como sabes, un gran defecto". (Carta del 29 de
julio de 1654).
En
aquella época el juego de azar estaba prohibido y el castigo era la cárcel,
debido a esto muchas veces las partidas debían suspenderse y el dinero era
repartido de forma justa entre los apostadores. Una vez el Caballero de Meré se
econtró en la siguiente situación: En una partida de dados intervienen dos
jugadores y apuestan 32 doblones de oro cada uno, eligiendo un número
diferente, gana el juego el primero que obtenga tres veces el número que
eligió. Después de un rato de juego, el número elegido por el primer apostador
ha salido dos veces mientras el otro jugador sólo una vez ha acertado, en este
instante la partida debe suspenderse. ¿Cómo dividir los 64 doblones de oro
apostados? ¿En qué proporción ha de ser compensado cada jugador?
En
la correspondencia que siguió a este problema, tanto Pascal como Fermat
estuvieron de acuerdo en que el primer jugador tiene derecho a 48 doblones de
oro.
Veamos
el último de los problemas históricos (al ser su solución parte del inicio de
la probabilidad actual) que propuso el caballero y resolvieron Pascal y Fermat:
Se lanza 24 veces un par de dados, ¿es conveniente apostar a favor o en contra de la aparición de por lo menos un doble seis?
Se lanza 24 veces un par de dados, ¿es conveniente apostar a favor o en contra de la aparición de por lo menos un doble seis?
Solución:
A=
{No sacar un doble seis en una tirada de dos dados},
P(A) = 35/36
P(A
y A y A………24 veces….y A) = (35/36)24
Este número vale aproximadamente 0,508596 y por lo tanto la
probabilidad del suceso contrario será:
1 – P(A y A….24
veces…y A)
= 1 – 0,508596 = 0,491404
Es decir, es más probable no obtener una vez un doble seis
en 24 tiradas que obtenerlo al menos una vez. En cambio, para 25 tiradas cambian
las cosas, pues: 1 – (35/36)25= 0,505531.
Pascal y Fermat resolvieron este problema y muchos otros, y
fueron los que comenzaron a formalizar la teoría de las probabilidades,
probando el desacuerdo con el caballero de Meré, que se debía a que era erróneo
el cálculo que había efectuado, ya que se equivocó en considerar equiprobables
sucesos que no lo eran, y sólo cuando los casos posibles son equiprobables
tiene sentido aplicar la definición que él había dado.
Las
aportaciones de Pascal a las probabilidades se extienden a muchos campos como
el de la filosofía e incluso al de la teología, intentando argumentar la
creencia en Dios en términos probabilísticas y gananciales, en sus propias
palabras: "Si creemos en Dios y él no existe, no perdemos nada, pero si no creemos en él y existe, lo perdemos todo" (probabilística y ganancialmente
es mejor creer que no creer, es decir, es mejor actuar como si existiera, por
si acaso existe).
Un triángulo casi mágico
Pascal
publicó una obra llamada Tratado sobre el triángulo aritmético, la más importante contribución
realizada hasta la fecha en el ámbito de la combinatoria. El libro se basa en
la construcción y propiedades combinatorias del Triángulo de Pascal. Este
triángulo es también llamado Triángulo de Tartaglia, ya que el ingeniero
y matemático italiano Niccolò “Tartaglia” Fontana (1500-1557) ya había puesto
los números combinatorios formando un triángulo y estudiado algunas de sus
propiedades.
El Triángulo de Pascal tiene la
siguiente forma:
Algunas propiedades del Triángulo de Pascal son:
ü
La k-ésima entrada de la n-ésima
columna es igual al número combinatorio nCk.
ü
La suma de todos los elementos de la
fila n-ésima es 2n.
ü
Si tomamos a cada fila como un solo
número, estos serán las potencias de 11 (en la quinta
fila, por ejemplo, al diez se lo transforma en un cero y se suma 1 al siguiente
número, en este caso el número que queda es 161051, que es igual a 115).
ü
Los números de cada fila son los
coeficientes de la potencia de un binomio.
ü
La tercera diagonal es la sucesión de
los números triangulares: 1, 3, 6, 10, 15, 21, …
ü
Sumando sus números en forma diagonal se
obtienen los términos de la sucesión de Fibonacci. En el triángulo anterior
aparecen 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21 y 34.
Otros que no pueden ser olvidados
Casi
un siglo antes de Pascal y Fermat, un médico y matemático italiano llamado
Gerolamo Cardano (1501-1576) realizó los primeros descubrimientos del cálculo
de probabilidades, utilizándolo para ganar dinero en juegos de apuestas, uno de
los tantos vicios que tenía. Su compatriota Galileo Galilei (1564-1642)
escribió un artículo en el cual, por medio de combinatoria, realiza cálculos de
probabilidades en un juego de tres dados.
Ni
Pascal ni Fermat expusieron sus resultados por escrito y fue el
físico-matemático holandés Christiaan Huygens (1629-1695) quien en 1657 publicó un breve tratado titulado "De ratiocinnis in ludo aleae" (sobre los razonamientos relativos a los juegos de
dados) inspirado en la correspondencia
sostenida entre los dos creadores de la teoría. En su obra extendió algunos
resultados de Pascal y aclaró varios problemas para tres o más jugadores.
El
matemático y astrónomo francés Pierre Simon Laplace (1749-1827) también trabajó sobre la teoría de la probabilidad en sus obras Teoría
analítica de las probabilidades (1812) y Ensayo filosófico sobre la
probabilidad (1814). Laplace dio la definición clásica de probabilidad que
sería usada por más de un siglo, hasta la aparición de la teoría de conjuntos:
El problema
es que todos estos casos deben ser equiprobables, por lo que, para definir probabilidad con esta fórmula, se debe
utilizar la palabra equiprobable.
Las distribuciones de probabilidad
discretas son llamadas de Bernoulli, en honor al matemático suizo Jakob
Bernoulli (1654-1705), quien estuvo siempre al último grito de la moda en lo que
se refiere a la matemática contribuyendo en gran medida, entre otras cosas, al
cálculo de probabilidades y al cálculo diferencial recientemente descubierto
por Newton y Leibniz.
La
curva normal fue descubierta por Abraham de Moivre (1667-1754), quien publicó
sus descubrimientos en 1733. A pesar de esto, suele ser llamada curva (o
campana) de Gauss.
Siméon
Denis Poisson (1781-1840), físico y matemático francés discípulo de Laplace, es
conocido por sus contribuciones teóricas a la electricidad y al magnetismo,
aunque también publicó obras sobre el cálculo de variaciones, la geometría
diferencial y la teoría de la probabilidad. La distribución de Poisson es un
caso particular de distribución de Bernoulli.
El
matemático ruso Andrei Andreyevich Markov (1856-1922), es famoso por sus
“Cadenas de Markov”. Halló la manera de calcular sucesos aleatorios
dependientes de manera muy rápida mediante el uso de matrices y vectores. Sus
estudios han encontrado aplicaciones en una ciencia tan moderna como lo es la
herencia genética.
Axiomática de probabilidad
En
1933, el matemático ruso Andrei Kolmogórov (1903-1987), desarrolló la base axiomática que supone el pilar básico de la teoría de la probabilidad, logrando así fundamentarlo en la teoría de conjuntos. Quedó entonces bien definido el concepto de probabilidad.
A1)
La probabilidad de un suceso A es un
número real mayor o igual que 0.
A2) La probabilidad del total (del espacio muestral) Ω es igual a 1.
A3) Si A1 y A2 son sucesos mutuamente excluyentes (incompatibles,
disjuntos o de intersección vacía), entonces:
Este axioma se generaliza de la siguiente manera:
Si A1, A2,
A3, … son sucesos
mutuamente excluyentes dos a dos, entonces:
Utilizando estos tres axiomas se demuestran
numerosos teoremas como los siguientes:
T1)
La probabilidad del suceso vacío es 0.
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T2) La probabilidad del complemento de
un suceso es igual a la diferencia entre 1 y la probabilidad del suceso.

T3) La probabilidad de la unión de sucesos es igual a la suma de las probabilidades de dichos sucesos, menos la probabilidad de la intersección.
T4)
Si A está contenido en B, la probabilidad de A es menor o igual a la probabilidad de B.
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Bibliografía
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Editorial Grijalbo.
ü Courant, R.,
Robbins, H., Stewart, I. (2010). ¿Qué son las matemáticas? Conceptos y
métodos fundamentales. México. Editorial Fondo de Cultura Económica.
ü Bell,
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Editorial Fondo de Cultura Económica.
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Pastor, J., Babini, J. (2006). Historia de la Matemática, Volúmenes 1 y 2.
Barcelona, España. Editorial Gedisa.
ü Stewart,
I. (2009). Historia de las matemáticas en los últimos 10.000 años. Tercera
edición. Barcelona, España. Editorial Crítica.
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